Viernes, 5 de Mayo de 1944

Querida Kitty:

Papá no está contento conmigo; se pensó que después de nues­tra conversación del domingo, automáticamente dejaría de ir to­das las noches arriba. Quiere que acabemos con el «besuqueo». No me gustó nada esa palabra; bastante difícil ya es tener que ha­blar de ese tema. ¿Por qué me quiere hacer sentir tan mal? Hoy hablaré con él. Margot me ha dado algunos buenos consejos. Lo que le voy a decir es más o menos lo siguiente:
«Papá, creo que esperas que te dé una explicación, y te la daré. Te he desilusionado, esperabas que fuera más recatada. Seguramente quieres que me comporte como ha de comportarse una chica de 14 años, ¡pero te equivocas!
»Desde que estamos aquí, desde julio de 1942 hasta hace algu­nas semanas, las cosas no han sido fáciles para mí. Si supieras lo mucho que he llorado por las noches, lo desesperanzada y desdi­chada que he sido, lo sola que me he sentido, comprenderías por qué quiero ir arriba. No ha sido de un día para otro que me las he apañado para llegar hasta donde he llegado, y para saber vivir sin una madre y sin la ayuda de nadie en absoluto. Me ha costado mu­cho, muchísimo sudor y lágrimas llegar a ser tan independiente. Ríete si quieres y no me creas, que no me importa. Sé que soy una persona que está sola y no me siento responsable en lo más mí­nimo ante vosotros. Te he contado todo esto porque no quisiera que pensaras que estoy ocultándote algo, pero sólo a mí misma tengo que rendir cuentas de mis actos.
»Cuando me vi en dificultades, vosotros, y también tú, cerras­teis los ojos e hicisteis oídos sordos, y no me ayudasteis; al con­trario, no hicisteis más que amonestarme, para que no fuera tan escandalosa. Pero yo sólo era escandalosa por no estar siempre triste, era temeraria por no oír continuamente esa voz dentro de mí. He sido una comedianta durante año y medio, día tras día; no me he quejado, no me he salido de mi papel, nada de eso, y ahora he dejado de luchar. ¡He triunfado! Soy independiente, en cuerpo y alma, ya no necesito una madre, la lucha me ha hecho fuerte.
»Y ahora, ahora que he superado todo esto, y que sé que ya no tendré que seguir luchando, quisiera seguir mi camino, el camino que me plazca. No puedes ni debes considerarme una chica de ca­torce años; las penas vividas me han hecho mayor. No me arre­pentiré de mis actos, y haré lo que crea que puedo hacer.
»No puedes impedirme que vaya arriba, de no ser con mano dura: o me lo prohibes del todo, o bien confías en mí en las bue­nas y en las malas, de modo que déjame en paz.»

Tu Ana M. Frank
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