Sábado, 3 de Octubre de 1942

Querida Kitty:

Ayer me estuvieron gastando bromas por haber estado tum­bada en la cama junto al señor Van Daan. «¡A esta edad! ¡Qué es­cándalo!» y todo tipo de comentarios similares. ¡Qué tontos son! Nunca me acostaría con Van Daan, en el sentido general de la pa­labra, naturalmente.Ayer hubo otro encontronazo; mamá empezó a despotricar y le contó a papá todos mis pecados, y entonces se puso a llorar, y yo también, claro, y eso que ya tenía un dolor de cabeza horrible. Fi­nalmente le conté a papaíto que lo quiero mucho más a él que a mamá. Entonces él dijo que ya me pasaría, pero no le creo. Es que a mamá no la puedo soportar y me tengo que esforzar muchísimo para no estar siempre soltándole bufidos y calmarme. A veces me gustaría darle una torta, no sé de dónde sale esta enorme antipatía que siento por ella. Papá me ha dicho que cuando mamá no se siente bien o tiene dolor de cabeza, yo debería tomar la iniciativa para ofrecerme a hacer algo por ella, pero yo no lo hago, porque no la quiero y sencillamente no me sale. También puedo imagi­narme que algún día mamá se morirá, pero me parece que nunca podría superar que se muriera papá. Espero que mamá nunca lea esto ni lo demás.Últimamente me dejan leer más libros para adultos. Ahora es­ toy leyendo La niñez de Eva, de Nico van Suchtelen. No veo que haya mucha diferencia entre las novelas para chicas y esto. Eva pensaba que los niños crecían en los árboles, como las manzanas, y que la cigüeña los recoge cuando están maduros y se los lleva a las madres. Pero la gata de su amiga tuvo cría y los gatitos salían de la madre gata. Ella pensaba que la gata ponía huevos, igual que las gallinas, y que se ponía a empollarlos, y también que las madres que tienen un niño, unos días antes suben a poner un huevo y luego lo empollan. Cuando viene el niño, las madres todavía están debilitadas de tanto estar en cuclillas. Eva también quería tener un niño. Cogió un chal de lana y lo extendió en el suelo, donde caería el huevo. Entonces se puso de cuclillas a hacer fuerza. Al mismo tiempo empezó a cacarear, pero no le vino ningún huevo. Por fin, después de muchos esfuerzos, salió algo que no era ningún huevo, sino una salchichita. Eva sintió mucha vergüenza. Pensó que es­taba enferma. ¿Verdad que es cómico? La niñez de Eva también habla de mujeres que venden sus cuerpos en unos callejones por un montón de dinero. A mí me daría muchísima vergüenza algo así. Además también habla de que a Eva le vino la regla. Es algo que quisiera que también me pasara a mí, así al menos sería adulta.Papá anda refunfuñando y amenaza con quitarme el diario. ¡Por favor, no! ¡Vaya un susto! En lo sucesivo será mejor que lo es­conda.

Tu Ana
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