Jueves, 1 de Octubre de 1942


Querida Kitty:



Ayer me di un susto terrible. A las ocho alguien tocó el timbre muy fuerte. Pensé que serían ya sabes quiénes. Pero cuando todos aseguraron que serían unos gamberros o el cartero, me calmé.Los días transcurren en silencio. Levinsohn, un farmacéutico y químico judío menudo que trabaja para Kugler en la cocina, co­noce muy bien el edificio y por eso tenemos miedo de que se le ocurra ir a echar un vistazo al antiguo laboratorio. Nos mantene­mos silenciosos como ratoncitos bebés. ¡Quién iba a decir hace tres meses que «doña Ana puro nervio» debería y podría estar sen­tada quietecita horas y horas!El 29 cumplió años la señora Van Daan. Aunque no hubo gran­des festejos, se la agasajó con flores, pequeños obsequios y buena comida. Los claveles rojos de su señor esposo parecen una tradi­ción familiar.Volviendo a la señora Van Daan, puedo decirte que una fuente permanente de irritación y disgusto para mí es cómo coquetea con papá. Le acaricia la mejilla y el pelo, se sube muchísimo la falda, dice cosas supuestamente graciosas y trata de atraer de esta manera la atención de Pim. Por suerte a Pim ella no le gusta ni la encuentra simpática, de modo que no hace caso de sus coqueteos. Como sabes, yo soy bastante celosa por naturaleza, así que todo esto me sabe muy mal. ¿Acaso mamá hace esas cosas delante de su marido? Eso mismo se lo he dicho a la señora en la cara.Peter tiene alguna ocurrencia divertida de vez en cuando. Al menos una de sus aficiones que hace reír a todos, la comparte conmigo: le gusta disfrazarse. Un día aparecimos él metido en un vestido negro muy ceñido de su madre, y yo vestida con un traje suyo; Peter llevaba un sombrero y yo una gorra. Los mayores se partían de risa y nosotros no nos divertimos menos.Bep ha comprado unas faldas nuevas para Margot y para mí en los grandes almacenes Bijenkorf. Son de una tela malísima, parece yute, como aquella tela de la que hacen sacos para meter patatas. Una falda que las tiendas antes ni se hubieran atrevido a vender, vale ahora 7,75 florines o 24 florines, respectivamente. Otra cosa que se avecina: Bep ha encargado a una academia unas clases de ta­quigrafía por correspondencia para Margot, para Peter y para mí. Ya verás en qué maravillosos taquígrafos nos habremos conver­tido el año que viene. A mí al menos me parece superinteresante aprender a dominar realmente esa escritura secreta.Tengo un dolor terrible en el índice izquierdo, con lo que no puedo planchar. ¡Por suerte!El señor Van Daan quiso que yo me sentara a su lado a la mesa, porque a su gusto Margot no come suficiente; a mí no me desa­grada cambiar por un tiempo. En el jardín ahora siempre hay un gatito negro dando vueltas, que me recuerda a mi querido Moortje, pobrecillo. Mamá siempre tiene algo que objetar, sobre todo cuando estamos comiendo, por eso también me gusta el cambio que hemos hecho. Ahora la que tiene que soportarla es Margot, o mejor dicho no tiene que soportarla nada, porque total a ella mamá no le hace esos comentarios tan ponzoñosos, la niña ejem­plar. Con eso de la niña ejemplar ahora me paso el día haciéndola rabiar, y ella no lo soporta. Quizá así aprenda a dejar de serlo. ¡Buena hora sería!Para terminar esta serie de noticias variadas, un chiste muy di­vertido del señor Van Daan: ¿Sabes lo que hace 99 veces «clic» y una vez «clac»? ¡Un ciempiés con una pata de palo!

Tu Anne
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