Miércoles, 10 de Mayo de 1944

Querida Kitty:

Ayer por la tarde estábamos estudiando francés en el desván, cuando de repente oí detrás de mí un murmullo como de agua. Le pregunté a Peter qué pasaba, pero él, sin responderme siquiera, subió corriendo a la buhardilla -el lugar del desastre-, y co­giendo bruscamente a Mouschi, que en lugar de usar su cubeta, ya toda mojada, se había puesto a hacer pis al lado, lo metió en la cu­beta para que siguiera haciendo pis allí. Se produjo un gran estré­pito y Mouschi, que entretanto .había acabado, bajó como un re­lámpago. Resulta que el gato, buscando un poco de comodidad cubetística para hacer sus necesidades, se había sentado encima de un montoncito de serrín que tapaba una raja en el suelo de la bu­hardilla, que es bastante poroso; el charco que produjo no tardó en atravesar el techo del desván y, por desgracia, fue a parar justo dentro y al lado del tonel de las patatas. El techo chorreaba, y como el suelo del desván tiene a su vez unos cuantos agujeros, al­gunas gotas amarillas lo atravesaron y cayeron en la habitación, en medio de una pila de medias y libros que había sobre la mesa.
El espectáculo era tan cómico que me entró la risa: Mouschi acurrucado debajo de un sillón, Peter dándole al agua, a los polvos de blanqueo y a la bayeta, y Van Daan tratando de calmar los áni­mos. El desastre se reparó pronto, pero como bien es sabido, el pis de gato tiene un olor horrible, lo que quedó demostrado ayer de forma patente por las patatas y también por el serrín, al que papá llevó abajo en un cubo para quemarlo.
¡Pobre Mouschi! ¡¿Cómo iba él a saber que el polvo de turba es tan difícil de conseguir?!

Ana
.