Mércoles, 8 de Marzo de 1944

Margot y yo nos hemos estado escribiendo notitas, sólo por di­vertirnos, naturalmente.Ana: Cosa curiosa, a mí las cosas que pasan por la noche sólo me vuelven a la memoria mucho más tarde. Ahora, por ejemplo, recuerdo de repente que anoche el señor Dussel estuvo roncando como un loco (ahora son las tres menos cuarto del miércoles por la tarde y el señor Dussel está otra vez roncando, por eso me acordé, claro). Cuando tuve que hacer pipí en el orinal, hice más ruido de lo normal, para hacer que cesaran los ronquidos.Margot: ¿Qué es mejor: los resuellos o los ronquidos?Ana: Los ronquidos, porque si yo hago ruido, cesan sin que la persona en cuestión se despierte.Lo que no le he escrito a Margot, pero que sí te confieso a ti, querida Kitty, es que sueño mucho con Peter. Anteanoche, en nuestro cuarto de estar de aquí, soñé que estaba patinando en la pista de hielo de la Apollolaan con un chico bajito, ése que tenía una hermana que siempre llevaba una falda azul y tenía patas de alambre. Le dije que me llamaba Ana y le pregunté su nombre. Se llamaba Peter. En mi sueño me pregunté a cuántos Peter conocía ya.Luego también soñé que estábamos en la habitación de Peter, uno frente a otro al lado de la escalera. Le dije algo, me dio un beso, pero me contestó que no me quería tanto como yo pensaba y que dejara de coquetear. Con voz desesperada y suplicante, le dije:-¡Pero si yo no coqueteo, Peter!Cuando me desperté, me alegré de que Peter no hubiera dicho eso.Anoche también nos estábamos besando, pero las mejillas de Peter me decepcionaron, porque no eran tan suaves como parecen, sino que eran como las mejillas de papá, o sea, como las de un hombre que ya se afeita.
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