Lunes, 23 de Agosto de 1943

Cuando el reloj da las ocho y media... Margot y mamá están nerviosas. «¡Chis, papá! ¡Silencio, Otto! ¡Chis, Pim! ¡Que ya son las ocho y media! ¡Vente ya, que no pue­des dejar correr el agua! ¡No hagas ruido al andar!» Así son las distintas exclamaciones dirigidas a papá en el cuarto de bañó. A las ocho y media en punto tiene que estar de vuelta en la habitación. Ni una gota de agua, no usar el retrete, no andar, silencio abso­luto. Mientras no está el personal de oficina, en el almacén los rui­dos se oyen mucho más. A las ocho y veinte abren la puerta los del piso de arriba, y al poco tiempo se oyen tres golpecitos en el suelo: la papilla de avena para Ana. Subo trepando por las escaleras y recojo mi plati­llo para perros. De vuelta abajo, termino de hacer mis cosas corriendo: cepi­llarme el pelo, guardar el orinal, volver a colocar la cama en su si­tio. ¡Silencio! El reloj da la hora. La señora cambia de calzado: co­mienza a desplazarse por la habitación en pantuflas; también el señor Charlie Chaplin se calza sus zapatillas; tranquilidad ab­soluta. La imagen de familia ideal llega a su apogeo: yo me pongo a leer o a estudiar, Margot también, al igual que papá y mamá. Papá -con Dickens y el diccionario en el regazo, naturalmente- está sentado en el borde de la cama hundida y crujiente, que ni siquiera cuenta con colchones como Dios manda. Dos colchonetas super­puestas también sirven. «No me hacen falta, me arreglo perfecta­mente sin ellas.» Una vez sumido en la lectura se olvida de todo, sonríe de tanto en tanto, trata por todos los medios de hacerle leer algún cuento a mamá, que le contesta; -¡Ahora no tengo tiempo! Por un momento pone cara de desencanto, pero luego sigue leyendo. Poco después, cuando otra vez encuentra algo divertido, vuelve a intentarlo: -¡Ma, no puedes dejar de leer esto! Mamá está sentada en la cama plegable, leyendo, cosiendo, ha­ciendo punto o estudiando, según lo que toque en ese momento. De repente se le ocurre algo, y no tarda en decir: -Ana, ¿te acuerdas...? Margot, apunta esto... Al rato vuelve la tranquilidad. Margot cierra su libro de un golpe, papá frunce el ceño y se le forma un arco muy gracioso, reaparece la «arruga de la lectura» y ya está otra vez sumido en el libro, mamá empieza a charlar con Margot, la curiosidad me hace escucharlas. Envolvemos a Pim en el asunto y... ¡Las nueve! ¡A desayunar!
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