Jueves, 25 de Mayo de 1944

Querida Kitty:

¡Bep se ha comprometido! El hecho en sí no es tan sorpren­dente, aunque a ninguno de nosotros nos alegra demasiado. Puede que Bertus sea un muchacho serio, simpático y deportivo, pero Bep no lo ama y eso para mí es motivo suficiente para desa­consejarle que se case.
Bep ha puesto todos sus empeños en abrirse camino en la vida, y Bertus la detiene. Es un obrero, un hombre sin inquietudes y sin interés en salir adelante, y no creo que Bep se sienta feliz con esa situación. Es comprensible que Bep quiera poner fin a esta cues­tión de medias tintas; hace apenas cuatro semanas había roto con él, pero luego se sintió más desdichada, y por eso volvió a escri­birle, y ahora ha acabado por comprometerse.
En este compromiso entran en juego muchos factores. En pri­mer lugar, el padre enfermo, que quiere mucho a Bertus; en se­gundo lugar, el hecho de que es la mayor de las hijas mujeres de " Voskuijl y que su madre le gasta bromas por su soltería; en tercer lugar, el hecho de que Bep tiene tan sólo veinticuatro años, algo que para ella cuenta bastante.
Mamá dijo que hubiera preferido que empezaran teniendo una relación. Yo no sé qué decir, compadezco a Bep y comprendo que se sintiera sola. La boda no podrá ser antes de que acabe la guerra, ya que Bertus es un clandestino, o sea, un «hombre negro» y ade­más ninguno de ellos tiene un céntimo y tampoco tienen ajuar. ¡Qué perspectivas tan miserables para Bep, a la que todos noso­tros deseamos lo mejor! Esperemos que Bertus cambie bajo el in­flujo de Bep, o bien que Bep encuentre a un hombre bueno que sepa valorarla.
Tu Ana M. Frank

El mismo día

Todos los días pasa algo nuevo. Esta mañana han detenido a Van Hoeven. En su casa había dos judíos escondidos. Es un duro golpe para nosotros, no sólo porque esos pobres judíos están ahora al borde del abismo, sino que también es horrible para Van Hoeven.
El mundo está patas arriba. A los más honestos se los llevan a los campos de concentración, a las cárceles y a las celdas solitarias, y la escoria gobierna a grandes y pequeños, pobres y ricos. A unos los pillan por vender en el mercado negro, a otros por ayudar a los judíos o a otros escondidos, y nadie que no pertenezca al movi­miento nacionalsocialista sabe lo que puede pasar mañana.

También para nosotros es una enorme pérdida lo de Van Hoeven. Bep no puede ni debe cargar con el peso de las patatas; lo único que nos queda es comer menos. Ya te contaré cómo lo arre­glamos, pero seguro que no será nada agradable. Mamá dice que no habrá más desayuno: papilla de avena y pan al mediodía, y por las noches patatas fritas, y tal vez verdura o lechuga una o dos ve­ces a la semana, más no. Pasaremos hambre, pero cualquier cosa es mejor que ser descubiertos.

Tu Ana M. Frank
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