Lunes, 17 de Abril de 1944

Querida Kitty:

¿Crees tú que papá y mamá estarían de acuerdo en que yo, una chica que aún no ha cumplido los quince años, estuviera sentada en un diván, besando a un chico de diecisiete años y medio? En realidad creo que no, pero lo mejor será confiar en mí misma al respecto. Me siento tan tranquila y segura al estar en sus brazos, soñando, y es tan emocionante sentir su mejilla contra la mía, tan maravilloso saber que alguien me está esperando... Pero, y es que hay un pero, ¿se contentará Peter con esto? No es que haya olvidado su promesa, pero al fin y al cabo él es hombre.Yo misma también sé que soy bastante precoz; a algunos les resulta un tanto difícil entender cómo puedo ser tan independiente, cuando aún no he cumplido los quince años. Estoy casi segura de que Margot nunca besaría a un chico si no hubiera perspectiva concreta de compromiso o boda. Ni Peter ni yo tenemos planes en ese sentido. Seguro que tampoco mamá ha tocado a un hombre antes que papá. ¿Qué dirían mis amigas y Jacque si me vieran en brazos de Peter, con mi corazón contra su pecho, mi cabeza sobre su hombro, su cabeza y su cara sobre mi cabeza?¡Ay, Ana, qué vergüenza! Pero la verdad es que a mí no me parece ninguna vergüenza. Estamos aquí encerrados, aislados del mundo, presas del miedo y la preocupación, sobre todo últimamente. Entonces, ¿por qué los que nos queremos habríamos de permanecer separados? ¿Por qué no habríamos de besarnos, con los tiempos que corren? ¿Por qué habríamos de esperar hasta te- ner la edad adecuada? ¿Por qué habríamos de pedir permiso para todo?Yo misma me encargaré de cuidarme, y él nunca haría nada que me diera pena o me hiciera daño; entonces, ¿por qué no habría de dejarme guiar por lo que me dicta el corazón y dejar que seamos felices los dos?Sin embargo, Kitty, creo que notarás un poco mis dudas; supongo que es mi sinceridad, que se rebela contra la hipocresía. ¿Te parece que debería contarle a papá lo que hago? ¿Te parece que nuestro secreto debería llegar a oídos de un tercero? Perdería mucho de su encanto, pero ¿me haría sentir más tranquila por dentro? Tendré que consultarlo con él.Ay, aún hay tantas cosas de las que quisiera hablar con él, porque a sólo acariciarle no le veo el sentido. Para poder contarnos lo que sentimos necesitamos mucha confianza, pero saber que disponemos de ella nos hará más fuertes a los dos.

Tu Ana M. Frank

P. D. Ayer por la mañana, toda la familia ya estaba levantada a las seis, ya que habíamos oído ruido de ladrones. Esta vez la víctima quizá haya sido uno de nuestros vecinos. Cuando a las siete controlamos las puertas del edificio, estaban herméticamente cerradas. ¡Menos mal!
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