Jueves, 4 de Marzo de 1943

Querida Kitty:

La señora tiene un nuevo nombre; la llamamos la Sra. Beaverbrook. Claro, no comprenderás el porqué. Te explico: en la radio inglesa habla a menudo un tal míster Beaverbrook, sobre que se bombardea demasiado poco a Alemania. La señora Van Daan siempre contradice a todo el mundo, hasta a Churchill y al servi­cio informativo, pero con míster Beaverbrook está completa­mente de acuerdo. Por eso, a nosotros nos pareció lo mejor que se casara con este Beaverbrook, y como se sintió halagada, en lo su­cesivo la llamaremos Sra. Beaverbrook.Vendrá a trabajar un nuevo mozo de almacén. Al viejo lo man­dan a trabajar a Alemania. Lo lamentamos por él, pero a nosotros nos conviene porque el nuevo no conoce el edificio. Los mozos del almacén todavía nos tienen bastante preocupados.Gandhi ha vuelto a comer.El mercado negro funciona a las mil maravillas. Podríamos co­mer todo lo que quisiéramos si tuviéramos el dinero para pagar los precios prohibitivos que piden. El verdulero le compra las pa­tatas a la «Wehrmacht» y las trae en sacos al antiguo despacho de papá. Sabe que estamos escondidos, y por eso siempre se las arre­gla para venir al mediodía, cuando los del almacén se van a sus ca­sas a comer.Cada vez que respiramos, nos vienen estornudos o nos da la tos, de tanta pimienta que estamos moliendo. Todos los que su­ben a visitarnos, nos saludan con un «iachís!». La señora afirma que no baja porque se enfermeraría si sigue aspirando tanta pi­mienta.No me gusta mucho el negocio de papá; no vende más que gelatinizantes y pimienta. ¡Un comerciante en productos alimenticios debería vender por lo menos alguna golosina!Esta mañana ha vuelto a caer sobre mí una tormenta de pala­bras. Hubo rayos y centellas de tal calibre que todavía me zumban los oídos. Que esto y que aquello, que «Ana mal» y que «Van Daan bien», que patatín y que patatán.

Tu Ana
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