Martes, 22 de Diciembre de 1942

Querida Kitty:

La Casa de atrás ha recibido la buena nueva de que para Navidad entregarán a cada uno un cuarto de kilo de mantequilla extra. En el periódico dice un cuarto de kilo, pero eso es sólo para los mortales dichosos que reciben sus cupones de racionamiento del Estado, y no para judíos escondidos, que a causa de lo elevado del precio compran cuatro cupones en lugar de ocho, y clandestinamente. Con la mantequilla todos pensamos hacer alguna cosa de repostería. Yo esta mañana he hecho galletas y dos tartas. En el piso de arriba todos andan trajinando como locos, y mamá me ha prohibido que vaya a estudiar o a leer hasta que no hayan terminado de hacer todas las tareas domésticas.La señora Van Daan guarda cama a causa de su costilla contusionada, se queja todo el día, pide que le cambien los vendajes a cada rato y no se conforma con nada. Daré gracias cuando vuelva a valerse por sí misma, porque hay que reconocer una cosa: es extraordinariamente hacendosa y ordenada y también alegre, siempre y cuando esté en forma, tanto física como anímicamente.Como si durante el día no me estuvieran insistiendo bastante con el «ichis, chis!» para que no haga ruido, a mi compañero de habitación ahora se le ha ocurrido chistarme también por las noches a cada rato. O sea que, según él, ni siquiera puedo volverme en la cama. Me niego a hacerle caso, y la próxima vez le contestaré con otro «ichis!».Cada día que pasa está más fastidioso y egoísta. De las galletas que tan generosamente me prometió, después de la primera semana no volví a ver ni una. Sobre todo los domingos me pone furiosa que encienda la luz tempranísimo y se ponga a hacer gimnasia durante diez minutos.A mí, pobre víctima, me parece que fueran horas, porque las silías que hacen de prolongación de mi cama se mueven continuamente bajo mi cabeza, medio dormida aún. Cuando acaba con sus ejercicios, haciendo unos enérgicos movimientos de brazos, el caballero comienza con su rito indumentario. Los calzoncillos cuelgan de un gancho, de modo que primero va hasta allí a recogerlos, y luego vuelve adonde estaba. La corbata está sobre la mesa, y para ir hasta allí tiene que pasar junto a las sillas, a empujones y tropezones.Pero mejor no te molesto con mis lamentaciones sobre viejos latosos, ya que de todos modos no cambian nada, y mis pequeñas venganzas, como desenroscarle la lámpara, cerrar la puerta con el pestillo o esconderle la ropa, debo suprimirlas, lamentablemente, para mantener la paz.¡Qué sensata me estoy volviendo! Aquí todo debe hacerse con sensatez: estudiar, obedecer, cerrar el pico, ayudar, ser buena, ceder y no sé cuántas cosas más. Temo que mi sensatez, que no es muy grande, se esté agotando demasiado rápido y que no me quede nada para después de la guerra.

Tu Anne
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